29 jul. 2011

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Una historia, algo que compartir... ¿cómo se puede llamar a algo que tal como viene se va? Que pasa por la vida como un torbellino, precioso, pero corto y destructivo. Algo que te dejará huella para siempre, pero que solo ocurrió durante unos días... es difícil de describir, pero algo de tales características solo tiene un nombre: amor. Amor, lo más peligroso del mundo, y a la vez, de mayor destructividad. Te deja exhausto, pero siempre quieres más. Siempre necesitas de él; se trata de una droga, algo que crea adicción. Nuestro mayor tesoro, y la peor guerra. Te mata, te envenena, pero lo necesitas, y esa necesidad aumenta, conforme lo consigues, o lo pierdes.
Y es que en estos últimos días no paro de buscar escusas para llorar. Y porque quiero que me vean triste, y que seas tú el que se me acerque y me abrace, callado. Sin decirme nada que pueda estropear el momento. Nuestro momento. Y quiero que me obligues a mirarte a los ojos y me beses suavemente. Quiero que tú, perfecto como siempre, dejes a tus amigos un instante y vengas conmigo. Quiero pensar que estarías allí, que te preocuparías por mí. Quiero pensar que serias la persona que me entendería, que me sonreiría, y que no haría falta nada más. Quiero imaginarme que el mundo no es como es. Quiero imaginar que tú no eres como eres. Y quiero imaginar que no te quiero, o que tú me quieres.

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