6 ago. 2011

Hablamos

porque nos encanta el poder de decir cualquier cosa sin ningún tipo de consecuencia. Adoramos gritar a los cuatro vientos nuestros principios para venderles después a cambio de otros nuevos. Palabras que teñimos de rabia en un momento concreto, pero tan carentes de valentía... Palabras que suenan fuerte, pero tan débiles que confiamos en un leve soplo de brisa para que se las lleve lejos. Porque no nos gustan, pero nos gusta menos dejarnoslas dentro. Palabras que se adelantan al pensamiento, pero pronto vuelven a él para rondarle y rondarle... Palabras vacías, porque no son nada sin un lugar o un momento, sin alguien que las diga o alguien que las oiga, sin un sentimiento o un tono concreto. En ti está saber si son solo eso, palabras o el peor de los castigos.

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